Libertades de un preso
No hay nada que nos prive más de nuestra libertad que creer que somos libres; casi todos caemos en esa condenatoria idea. La libertad se reduce a un conjunto de elecciones limitadas, y lo que consideramos libre albedrío no es más que la ilusión de poder escoger. Somos pues, pájaros en jaulas, unos en barrotes de oro, otros más modestos en cobre y latón, los más miserables en palitos y paja pero al fin y al cabo encarcelados. Nuestro carcelero, el ciclo de la vida, al que algunos se refieren como La Parca o La Muerte, no es más que un chófer que cumple su labor: recogernos después de vivos hasta un paradero incierto todo por orden de alguien que no conocemos. Solo queda disfrutar ese lapso que transcurre entre nuestra llegada y nuestra recogida, entreteniéndonos en nuestras pequeñas celdas hasta que nos llegue la hora de ser libres.