No recuerdo exactamente cuál fue mi primer acercamiento a la literatura, supongo que es porque nunca suelo prestar atención a ese tipo de detalles. Supuse, ingenuamente, que leer y escribir era algo que absolutamente todo el mundo podía hacer. Algo natural, como respirar. Me tomó casi 19 años para darme cuenta del privilegio que es poder hacerlo, y que no necesariamente todo el mundo puede hacer lo que yo puedo y tener lo que yo tengo. No vengo de una familia de profesionales, ni de noble descendencia ni apellidos importantes. Mis padres vienen del campo, allá donde aprender a leer y contar es el mayor logro académico al que se puede aspirar. Nunca tuve gran apoyo e insistencia en cuanto a lo académico por parte de mis padres, más allá de pagar la matrícula y la mensualidad y de recibir los boletines del colegio. Todo fue gracias a mi intrínseco interés por el arte y la literatura que me llevó poco a poco y cada vez más a adentrarme en el mundo de las letras. Estudiaba en un colegio de...
La mejor manera de escribir en esta pandemia consiste básicamente en dos cosas importantes (creo). La primera en no colocarte un tapabocas o barbijo como dicen en la Argentina, que sea tan grande que tape las ideas, ni tan pequeño que deje al descubierto los temores. La segunda corresponde a un distanciamiento de lo político, de lo mundano y de lo intrascendente. Así quizás puedas escribir lejos del rigor del virus y segura de lo que se te ocurra (Como bien lo manifiesta en el encabezado del Twitter).
ResponderBorrar