La lectura, la escritura y otros vicios
No recuerdo exactamente cuál fue mi primer acercamiento a la literatura, supongo que es porque nunca suelo prestar atención a ese tipo de detalles. Supuse, ingenuamente, que leer y escribir era algo que absolutamente todo el mundo podía hacer. Algo natural, como respirar. Me tomó casi 19 años para darme cuenta del privilegio que es poder hacerlo, y que no necesariamente todo el mundo puede hacer lo que yo puedo y tener lo que yo tengo. No vengo de una familia de profesionales, ni de noble descendencia ni apellidos importantes. Mis padres vienen del campo, allá donde aprender a leer y contar es el mayor logro académico al que se puede aspirar. Nunca tuve gran apoyo e insistencia en cuanto a lo académico por parte de mis padres, más allá de pagar la matrícula y la mensualidad y de recibir los boletines del colegio. Todo fue gracias a mi intrínseco interés por el arte y la literatura que me llevó poco a poco y cada vez más a adentrarme en el mundo de las letras. Estudiaba en un colegio de garaje, de esos que da pena nombrar cuando te preguntan dónde estudiaste; aún así, contaba con una relativamente decente biblioteca provista de libros que a mis ojos resultaban interesantes. Leía absolutamente todo lo que se me cruzase: desde enciclopedias hasta periódicos, cuentos, novelas, relatos cortos y fábulas; historias de Mil y un noches y Odiseas, Rebeliones de ratas y Cóndores que al parecer no mueren todos los días, devoraba en cuanto pasara por mis manos. El tiempo nunca fue un problema: yo era el primero en ser tirado a la entrada del colegio y el último en ser recogido, contaba con el recreo y los descansos. No soy un virtuoso escritor o un ávido lector, y la verdad es que aspirar a serlo puede caer en lo pretencioso y catalogarse como soberbio, sí, tengo un par de escritos, un blog que nadie mira y un esbozo de libro que por lo visto no tiene muchas esperanzas de ver la luz sino hasta póstumo deceso de su autor. No planeo ser el próximo Garcia Marquez o aspiro a ser como Poe, solo soy un anhedónico con gusto por el arte y con un mínimo de destreza para las letras; alguien que planea llegar un poco más lejos que mis padres y abuelos y adivinen qué, lo estoy haciendo.
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