Del año viejo y otros fantasmas

Se acabó el año, acaba de finalizar una década, el vigésimo año del segundo milenio. ¿Y qué con esto? Nada. Todo sigue igual. Seguirás estudiando, trabajando y con suerte solo cambiaras un par de cosas. Tus compromisos seguirán iguales, tus responsabilidades estarán ahí, esperando por ti; todas esas promesas de bajar de peso, hacer ejercicio y ser mejor persona dentro de un par de dias solo serán ideas olvidadas y palabras que se llevó el viento. No es que sea Ebenezer Scrooge pero odio el hecho de que la navidad se tome como algo tan importante cuando esta lejos de serlo. Es como si el año girará en torno a diciembre, como si fuese el fin del mundo, el fin de todo, y la gente, o al menos la más ignorante, comen, beben, derrochan y gastan como si no hubiese un mañana, y es para ellos un hecho de que todo gira alrededor de diciembre, puesto que las cuotas de sus gastos no se pagan solas.

¿Por qué siempre esperamos a que empiece un año nuevo para querer cambiar? ¿Cuál es la excusa para este vil caso de procrastinación? ¿Pará ganar tiempo hasta sentirnos preparados? ¿Un medio de evasión? ¿Realmente queremos hacerlo? ¿Debemos? ¿Deberiamos? Nadie sabe a ciencia cierta y el que sabe preferiría no hacerlo. 

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